miércoles, 25 de marzo de 2015

Mis ojos en ti



Mis ojos en ti

Bella historia la de Lili, desconfiada, paranoica, incesante, perspicaz, informada... Ella amaba tanto a su Edvardo que solo la prueba de la constancia corroboraría su fidelidad y su falta tentativa. Lili siempre ha sido amante de las bibliotecas antiguas, cofres de tesoros de los más ancestrales conocimientos , esos que van desde el asado de venado a candados mágicos condenatorios, esos libros viejos contienen las metodologías más elaboradas para la construcción de nuevas maneras de la vida, nuevas maneras del destino; ahí es donde encuentra el conjuro de mis ojos en ti, la antigua manera de encadenamiento que brujas y brujos utilizaron para el seguimiento de sospechas, de amores quebrantados y enemigos intermitentes.
Ella teme por el historial de Edvardo, educado por las maneras machistas y prepotentes, narcisistas, ególatras en sobre manera; cada semana Edvardo tenía la costumbre de partir, con pretextos pendejos, de ir a visitar a la abuelita del amigo o quedarse a cuidar a los perros de su tía Eugenia, pero no; él y sus amigos frecuentaban cada bar de los circundantes 15 kilómetros a la redonda; y estos paseos no eran simplezas o alcoholismo inocente, pues la única meta que Edvardo tenía en su vacía existencia, pese a su consolidada relación con Lili, era conocer más y más mujeres, habiendo dicho en alguna ocasión que le hubiera gustado saborear el cuello de cada mujer que se cruzara en su camino; en un comienzo esta actitud ahuyentaba, enojaba y finalmente entristecía a Lili, pero cuando se consolidó la tradición del sujeto, en la que parecía la resignación de la jóven ante el variable perfumado distinto de cada fin de semana, la pequeña llama curiosa persistió, y es ahí cuando halló el recetario de mis ojos en ti.
"¿¡Cuándo me has visto hacer algo indebido!? ¿Cuándo me has cachado haciendo algo?" "Eso ya sería el colmo; pero tienes razón, y debo de darte el beneficio de la duda" "Beneficio con el que nací" Historia de cada domingo en la mañana... El hechizo puede arreglar el beneficio de la duda.
¿Cómo funciona el maleficio? ¿Cómo saber que he tenido éxito? se cuestionaba los días previos a la práctica, pero el libro solo contestaba "Una vez ingerido el elixir, el camino será visto como uno solo" Termina... ¿Cómo saber eso? ¿Cómo saltar la ambigüedad del acertijo negro?
Fue un sábado en la noche, cuando Valeria, la amiga de Lili encontró a Edvardo bailando en la pista de un antro atiborrado de personas; sus cuerpos se juntaron, comenzaron a besarse, y entre ruido y arrumaco ella vació el polvo en la cerveza de la víctima, él la ingiere sin darse cuenta, y la noche se acaba más rápido de lo que imaginaría, más espejismo que realidad, la historia del embrujado nunca volvió a ser la misma.
Despertado a la orilla del lago, entre neblina y pájaros graznando, semidesnudo, sin recuerdo de Valeria o de a qué bar decidió ir anoche ¿cómo ha aparecido ahí, en medio de la nada? ¿había un lago cerca de donde estaba? Nada. Nada es lo que recuerda... Caminará por horas antes de encontrar un taxi que le regrese a su casa donde tiene que pedir prestado dinero pues ni su cartera ni identidad están cercanos a conocerse...
Todo es raro. Todo borroso. Camina mientras los muebles se mueven alucinógenos. Hay ecos en sus oídos; apenas puede recordar a donde ha llegado... En ese momento prefiere dormir; no se baña, no toma agua, no prende la tele; solo cae en su cama y perece.
Lunes. Despierta, ve sus manos, son iguales, no parece haber nada raro, ¿alguna vez tuvo una tercera? Su estómago relincha, grita desde sus entrañas ¡Cuánta hambre! ¿Anoche comió algo? ¿A qué hora volvió a su casa? ¿Soñó lo del lago? Camina al refri: No hay nada; un par de latas de cerveza, una abierta, echada a perder, un barra de mantequilla, una cabeza de puerco ¿¡Una cabeza de puerco?! No, solo lo imaginó... Una rebanada de jamón; eso desayunará, la cerveza no echada a perder y la rebanada de jamón ¿qué hora es? ¿aún llego al trabajo? Las 11; no, ya no llego, habrá que hablar al jefe, el último favor del año, lo promete. El teléfono está roto, no, no lo está, a cada año que pasa la cruda es más horrenda que el fin pasado. Descuelga, voces, gente hablando "Espera, nos están oyendo" ¿Se cruzaron las líneas? Cuelga. Descuelga. Tono: Re, vacío... No, no recuerda el número de su jefe, mastica y traga su jamón, traga la cerveza. ¡Vaya cruda! Ve la ventana, la cortina no sirve, está atorada, que hueva ver con qué... ¿Salgo? No, tampoco le interesa ver si está nublado o hay sol. ¿Veo la tele? Prende. Rayas, no hay señal ¿cuál es el teléfono del cable? Al diablo, aún me duele la panza, no me interesa, volveré a dormir y al rato ve qué pasa con el mundo... ¿Cafiaspirinas? Nah... que aburrido recordar donde las ha dejado.
Martes. Teléfono, máximo volúmen "¡¿Qué?! ¿Cuál? ¿Cuánto tiempo me dormí? ¿Ya pasó otra noche? ¿porqué siento tanto movimiento en mis entrañas?" Contesta, su piel se está poniendo amarillenta "¿Si? ¿Mamá? se oye bien extraña llamada, ¿me estás hablando de celular? ¿de la calle? ¿mamá? Ruido-ruido-estática-grito-escalofrío. Toma su frente, suelta la bocina, suda frío; susurros ¿de donde vienen? corre a la pared, ¿son los vecinos? ¿son los de abajo? ¿son los del gas? La cortina sigue atorada... la puerta también... Cafiaspirinas, dos días ya no es normal ¿donde están? No abre ninguno de los cajones, ¡bien, uno abrió! Solo cuchillos... ¿porqué abre el cajón de los cuchillos y el de las medicinas no? En el baño, en el botiquín, talvez... La pasta de dientes se pudrió, sale moco verdoso de por la tapa, la luz eléctrica baja, se torna rojiza. ¿Fiebre? ¿por eso suda? Las voces siguen... la peor cruda de su vida... corre a su cama, se avienta, cierra los ojos, los abre, nunca colgó la llamada "¿Hijo? ¿Hijo? ¿sigues ahí?" "¿Mamá? ¿qué no habíamos ya colgado?" "Ay, tú y tu papá oyen solo lo que quieren y uno habla y habla y sus oídos quedan huecos como cueva con doble entrada; no fuera tu Lili, que seguro a ella sí le haces caso" Su Lili ¿donde está su Lili? ¿porqué ella no ha hablado? ¡Cállense! las voces son cada vez más molestas. ¿cuál es su telefono? ¡Las voces! ¡El dolor! No lo dejan pensar...
Miércoles. Desvaneció... tras la llamada con su madre, Edvuardo se puso en posición fetal y durmió pegado al aparato como perro con su dueño. Lo despierta una nueva llamada "¿Edvardo?" "¿Lili? Eres tú?" "¿qué tienes? te oyes raro; oye, ¿has ido a trabajar? me habló Fernando preguntándome que porqué no habías ido, le dije que no sabía" "No sé Lili, me siento muy mal, la puerta no abre, no me he cambiado desde el sábado, oigo voces, siento una bola en mi pecho..." "¿Desde el sábado? ¿A dónde fuiste el sábado?" "¿El sábado? A ningún lado, pero escúchame, es importante, me siento mal, la puerta no abre, tienes que mandar a alguien a que me ayude" "¿A ningún lado? ¿Voces? ¿Porqué me mientes? ¿porqué inventas ahora eso de las voces?" "No, en serio, el dolor... Y no puedo ni ir al doctor, algo me habla, necesitas venir a ayudarme, no puedo salir de la casa" "Como inventas... No, no voy a ir, necesito ir a la escuela, yo también tengo cosas que hacer y ninguna de las mías es una locura" "No estoy mintiendo, ni estoy loco; te juro que lo digo es real, algo dentro de mi pecho me habla" "Sabes qué, si quieres seguir mintiendo mejor me voy, ya no sabes ni qué mamada inventar ahora. Adiós" Luz rojiza. Ruido, tocan en las paredes, hablan dentro de sí, una voz menciona hechizos dentro de su cuerpo; solo se le ocurre tirarse al lado del teléfono y desear que todo termine.
Jueves. "Buenas, buenas" Entra un señor con overol de mezclilla y ve a Edvardo tirado con baba amarillenta en su cachete, y mirada roja, tirado contra la pared, solo en calzones. "¿Está bien señor? Vine a poner gas y la puerta estaba abierta, así que me pase para darle el recibo" "¿¡La puerta estaba abierta!?" El del gas afirma. Edvardo se levanta, corre, cruza la puerta, el mundo es igual que siempre... ¿Volverá? ¿la puerta se volverá a cerrar? El hombre del overol se extraña, lo mira, no sabe qué hacer... "Ehm... bueno, lo dejo, joven ¿cierro la puerta?" Sus ojos abiertos enteramante, su voz tartamuda, su cuerpo temblante "N-No... N-No cierre, la puerta no se debe de cerrar nunca más"... El del gas se va, el exterior se vuelve abismal, la luz es extrema, ciega: luz blanca, como la oscuridad que ya existía: Despertar: Sábado.
"¡Qué! ¿Cómo me volví a meter? ¡¿Quien me metió?!" Llamada: Madre, Llamada: Lili, Llamada: Madre, llamada: Lili.... Gas... Tarde, ruido, voces, audio. Es sábado, Edvardo debería de estar afuera... Ya nunca habrá afuera, ya todo es finito ¿a dónde nos lleva? ¿porqué persiste la sensación interna?
Domingo. "¿No saliste? ¿En serio no saliste?" Se recarga en la pared, angustiado, aprieta el teléfono, trata de entender. "¿Cómo sabes que no salí? No te lo había dicho" "Oh Lalo, estás loco, todo lo que cuentas, todo lo que ves, todo lo que oyes, todo lo que sientes, tú me lo has dicho; yo te digo que voy a visitarte, y nunca quieres" "No, yo se lo dije a mi mamá, a ti no; me daba vergüenza ¿cómo lo sabías?" "Ya te lo dije, me lo has de haber dicho y no te acuerdas; te estás volviendo loco" "No estoy loco, nunca te lo conté" "Lilith tiene sus ojos en ti" "¿¡Qué!? ¡¿Quién dijo eso?!" "¿Quién dijo qué?" "Alguien me dijo algo de ti" "Alguien ¿quién? No hay nadie en tu casa, no dejas entrar a nadie, te has enclaustrado, ya solo te oyes a ti; realmente te volviste loco - Resuena, resueña, eco sin fin; Lili colgó horas atrás, pero entre todas las voces que escucha, solo retruena el "te volviste loco", y lo arrullará confabulando cómo escapar a esa duda si es locura o todo en realidad ha sucedido.
Lunes. Las voces siguen, las llamadas mal hechas de la madre siguen, ya no menciona nada, solo escucha. Martes. "Lilith tiene sus ojos en ti" regresa, viene de dentro de sí, si pone atención oye risas en su pecho; no alcanza a doblarse lo suficiente para oír con detenimiento. Miércoles. Pone atención y calma la natural hambre con sus uñas y la piel de sus dedos; las voces se han vuelto su entretención. Jueves. Paranoia. ¿Está loco? ¿Es un sueño? ¿es un coma? ¿sigue en la fiesta? Viernes. Desición, comprendimiento, ira, solución, curiosidad, esto debe de terminar. ¿Qué mejor que ahora para hacerlo? las pistas fueron dadas, él sabe cómo y el infierno le ha señalado cuándo hacerlo: Sábado.
Ahora las voces son gritos. Ha bajado de peso, ha saciado su sed con agua de retrete, pero sus labios sangran de partidos; nadie está presente, pero ese griterío se siente multitudinario; agita sus manos tratando de abrirse camino, es la cocina y es el cajón a donde debe de llegar; y será el cuchillo el que sirva de llave para entender qué viene de sí. ¿Habrá una pequeña persona? ¿Habrá un radio monitor insertado? Rebanará por bastantes minutos antes de que su mano tenga acceso al fondo de su ser, y pueda encontrar el camino necesario a lo que físicamente le ha acompañado desde la fiesta que no sabe cómo termino.
Su mano ingresa, y sale entintada de rojo; lo que verá culminará su locura, pues saca un ojo que parpadea, sin boca para comunicarse, solo un globo cubierto de sangre, un ojo que le sigue y le persigue, que quién sabe como llego a ese hueco arriba de su estómago y abajo de su corazón. Su impresión: obvia. Susto infinito, locura desbordante; y a la vez entendimiento infinito al final. No estaba loco, él tenía razón; la risa de satisfacción se vuelve la fiesta de su desangramiento, el dolor y el ardor hacen que sus nervios aturdan con disonancia a las multitudes aún inacallables; toma el cuchillo y comienza a acuchillarse mientras desvanece a carcajadas...

Ya eso no lo vió Lili, pues el ojo quedó tirado en la cocina, en un charco de sangre que nada reflejaba, pero algunos vecinos comentaron después que vieron a Edvuardo correr por el vecindario bañado en sangre riendo sin hacer caso a quienes le cuestionaban qué pasaba. Lili siguió con sus lecturas de libros y su curiosidad que nunca acaba, percatándose solamente del poder de los hechizos, los cuales usaría en ocasiones si las cosas no marchaban como ella creía que deberían de marchar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario