Mis ojos en ti
Bella historia la de Lili, desconfiada, paranoica,
incesante, perspicaz, informada... Ella amaba tanto a su Edvardo que solo la
prueba de la constancia corroboraría su fidelidad y su falta tentativa. Lili
siempre ha sido amante de las bibliotecas antiguas, cofres de tesoros de los
más ancestrales conocimientos , esos que van desde el asado de venado a
candados mágicos condenatorios, esos libros viejos contienen las metodologías
más elaboradas para la construcción de nuevas maneras de la vida, nuevas
maneras del destino; ahí es donde encuentra el conjuro de mis ojos en ti, la
antigua manera de encadenamiento que brujas y brujos utilizaron para el
seguimiento de sospechas, de amores quebrantados y enemigos intermitentes.
Ella teme por el historial de Edvardo, educado por las
maneras machistas y prepotentes, narcisistas, ególatras en sobre manera; cada
semana Edvardo tenía la costumbre de partir, con pretextos pendejos, de ir a
visitar a la abuelita del amigo o quedarse a cuidar a los perros de su tía
Eugenia, pero no; él y sus amigos frecuentaban cada bar de los circundantes 15
kilómetros a la redonda; y estos paseos no eran simplezas o alcoholismo
inocente, pues la única meta que Edvardo tenía en su vacía existencia, pese a
su consolidada relación con Lili, era conocer más y más mujeres, habiendo dicho
en alguna ocasión que le hubiera gustado saborear el cuello de cada mujer que
se cruzara en su camino; en un comienzo esta actitud ahuyentaba, enojaba y
finalmente entristecía a Lili, pero cuando se consolidó la tradición del
sujeto, en la que parecía la resignación de la jóven ante el variable perfumado
distinto de cada fin de semana, la pequeña llama curiosa persistió, y es ahí
cuando halló el recetario de mis ojos en ti.
"¿¡Cuándo me has visto hacer algo indebido!? ¿Cuándo me
has cachado haciendo algo?" "Eso ya sería el colmo; pero tienes
razón, y debo de darte el beneficio de la duda" "Beneficio con el que
nací" Historia de cada domingo en la mañana... El hechizo puede arreglar
el beneficio de la duda.
¿Cómo funciona el maleficio? ¿Cómo saber que he tenido
éxito? se cuestionaba los días previos a la práctica, pero el libro solo
contestaba "Una vez ingerido el elixir, el camino será visto como uno
solo" Termina... ¿Cómo saber eso? ¿Cómo saltar la ambigüedad del acertijo
negro?
Fue un sábado en la noche, cuando Valeria, la amiga de Lili
encontró a Edvardo bailando en la pista de un antro atiborrado de personas; sus
cuerpos se juntaron, comenzaron a besarse, y entre ruido y arrumaco ella vació
el polvo en la cerveza de la víctima, él la ingiere sin darse cuenta, y la
noche se acaba más rápido de lo que imaginaría, más espejismo que realidad, la
historia del embrujado nunca volvió a ser la misma.
Despertado a la orilla del lago, entre neblina y pájaros
graznando, semidesnudo, sin recuerdo de Valeria o de a qué bar decidió ir
anoche ¿cómo ha aparecido ahí, en medio de la nada? ¿había un lago cerca de
donde estaba? Nada. Nada es lo que recuerda... Caminará por horas antes de
encontrar un taxi que le regrese a su casa donde tiene que pedir prestado
dinero pues ni su cartera ni identidad están cercanos a conocerse...
Todo es raro. Todo borroso. Camina mientras los muebles se
mueven alucinógenos. Hay ecos en sus oídos; apenas puede recordar a donde ha
llegado... En ese momento prefiere dormir; no se baña, no toma agua, no prende
la tele; solo cae en su cama y perece.
Lunes. Despierta, ve sus manos, son iguales, no parece haber
nada raro, ¿alguna vez tuvo una tercera? Su estómago relincha, grita desde sus
entrañas ¡Cuánta hambre! ¿Anoche comió algo? ¿A qué hora volvió a su casa?
¿Soñó lo del lago? Camina al refri: No hay nada; un par de latas de cerveza,
una abierta, echada a perder, un barra de mantequilla, una cabeza de puerco
¿¡Una cabeza de puerco?! No, solo lo imaginó... Una rebanada de jamón; eso
desayunará, la cerveza no echada a perder y la rebanada de jamón ¿qué hora es?
¿aún llego al trabajo? Las 11; no, ya no llego, habrá que hablar al jefe, el
último favor del año, lo promete. El teléfono está roto, no, no lo está, a cada
año que pasa la cruda es más horrenda que el fin pasado. Descuelga, voces,
gente hablando "Espera, nos están oyendo" ¿Se cruzaron las líneas?
Cuelga. Descuelga. Tono: Re, vacío... No, no recuerda el número de su jefe, mastica
y traga su jamón, traga la cerveza. ¡Vaya cruda! Ve la ventana, la cortina no
sirve, está atorada, que hueva ver con qué... ¿Salgo? No, tampoco le interesa
ver si está nublado o hay sol. ¿Veo la tele? Prende. Rayas, no hay señal ¿cuál
es el teléfono del cable? Al diablo, aún me duele la panza, no me interesa,
volveré a dormir y al rato ve qué pasa con el mundo... ¿Cafiaspirinas? Nah...
que aburrido recordar donde las ha dejado.
Martes. Teléfono, máximo volúmen "¡¿Qué?! ¿Cuál?
¿Cuánto tiempo me dormí? ¿Ya pasó otra noche? ¿porqué siento tanto movimiento
en mis entrañas?" Contesta, su piel se está poniendo amarillenta
"¿Si? ¿Mamá? se oye bien extraña llamada, ¿me estás hablando de celular?
¿de la calle? ¿mamá? Ruido-ruido-estática-grito-escalofrío. Toma su frente,
suelta la bocina, suda frío; susurros ¿de donde vienen? corre a la pared, ¿son
los vecinos? ¿son los de abajo? ¿son los del gas? La cortina sigue atorada...
la puerta también... Cafiaspirinas, dos días ya no es normal ¿donde están? No
abre ninguno de los cajones, ¡bien, uno abrió! Solo cuchillos... ¿porqué abre
el cajón de los cuchillos y el de las medicinas no? En el baño, en el botiquín,
talvez... La pasta de dientes se pudrió, sale moco verdoso de por la tapa, la
luz eléctrica baja, se torna rojiza. ¿Fiebre? ¿por eso suda? Las voces
siguen... la peor cruda de su vida... corre a su cama, se avienta, cierra los
ojos, los abre, nunca colgó la llamada "¿Hijo? ¿Hijo? ¿sigues ahí?"
"¿Mamá? ¿qué no habíamos ya colgado?" "Ay, tú y tu papá oyen
solo lo que quieren y uno habla y habla y sus oídos quedan huecos como cueva
con doble entrada; no fuera tu Lili, que seguro a ella sí le haces caso"
Su Lili ¿donde está su Lili? ¿porqué ella no ha hablado? ¡Cállense! las voces
son cada vez más molestas. ¿cuál es su telefono? ¡Las voces! ¡El dolor! No lo
dejan pensar...
Miércoles. Desvaneció... tras la llamada con su madre,
Edvuardo se puso en posición fetal y durmió pegado al aparato como perro con su
dueño. Lo despierta una nueva llamada "¿Edvardo?" "¿Lili? Eres
tú?" "¿qué tienes? te oyes raro; oye, ¿has ido a trabajar? me habló
Fernando preguntándome que porqué no habías ido, le dije que no sabía"
"No sé Lili, me siento muy mal, la puerta no abre, no me he cambiado desde
el sábado, oigo voces, siento una bola en mi pecho..." "¿Desde el
sábado? ¿A dónde fuiste el sábado?" "¿El sábado? A ningún lado, pero
escúchame, es importante, me siento mal, la puerta no abre, tienes que mandar a
alguien a que me ayude" "¿A ningún lado? ¿Voces? ¿Porqué me mientes?
¿porqué inventas ahora eso de las voces?" "No, en serio, el dolor...
Y no puedo ni ir al doctor, algo me habla, necesitas venir a ayudarme, no puedo
salir de la casa" "Como inventas... No, no voy a ir, necesito ir a la
escuela, yo también tengo cosas que hacer y ninguna de las mías es una
locura" "No estoy mintiendo, ni estoy loco; te juro que lo digo es
real, algo dentro de mi pecho me habla" "Sabes qué, si quieres seguir
mintiendo mejor me voy, ya no sabes ni qué mamada inventar ahora. Adiós"
Luz rojiza. Ruido, tocan en las paredes, hablan dentro de sí, una voz menciona
hechizos dentro de su cuerpo; solo se le ocurre tirarse al lado del teléfono y
desear que todo termine.
Jueves. "Buenas, buenas" Entra un señor con overol
de mezclilla y ve a Edvardo tirado con baba amarillenta en su cachete, y mirada
roja, tirado contra la pared, solo en calzones. "¿Está bien señor? Vine a
poner gas y la puerta estaba abierta, así que me pase para darle el
recibo" "¿¡La puerta estaba abierta!?" El del gas afirma.
Edvardo se levanta, corre, cruza la puerta, el mundo es igual que siempre...
¿Volverá? ¿la puerta se volverá a cerrar? El hombre del overol se extraña, lo
mira, no sabe qué hacer... "Ehm... bueno, lo dejo, joven ¿cierro la
puerta?" Sus ojos abiertos enteramante, su voz tartamuda, su cuerpo
temblante "N-No... N-No cierre, la puerta no se debe de cerrar nunca
más"... El del gas se va, el exterior se vuelve abismal, la luz es
extrema, ciega: luz blanca, como la oscuridad que ya existía: Despertar:
Sábado.
"¡Qué! ¿Cómo me volví a meter? ¡¿Quien me metió?!"
Llamada: Madre, Llamada: Lili, Llamada: Madre, llamada: Lili.... Gas... Tarde,
ruido, voces, audio. Es sábado, Edvardo debería de estar afuera... Ya nunca
habrá afuera, ya todo es finito ¿a dónde nos lleva? ¿porqué persiste la
sensación interna?
Domingo. "¿No saliste? ¿En serio no saliste?" Se
recarga en la pared, angustiado, aprieta el teléfono, trata de entender.
"¿Cómo sabes que no salí? No te lo había dicho" "Oh Lalo, estás
loco, todo lo que cuentas, todo lo que ves, todo lo que oyes, todo lo que
sientes, tú me lo has dicho; yo te digo que voy a visitarte, y nunca
quieres" "No, yo se lo dije a mi mamá, a ti no; me daba vergüenza
¿cómo lo sabías?" "Ya te lo dije, me lo has de haber dicho y no te
acuerdas; te estás volviendo loco" "No estoy loco, nunca te lo
conté" "Lilith tiene sus ojos en ti" "¿¡Qué!? ¡¿Quién dijo
eso?!" "¿Quién dijo qué?" "Alguien me dijo algo de ti"
"Alguien ¿quién? No hay nadie en tu casa, no dejas entrar a nadie, te has
enclaustrado, ya solo te oyes a ti; realmente te volviste loco - Resuena,
resueña, eco sin fin; Lili colgó horas atrás, pero entre todas las voces que
escucha, solo retruena el "te volviste loco", y lo arrullará
confabulando cómo escapar a esa duda si es locura o todo en realidad ha
sucedido.
Lunes. Las voces siguen, las llamadas mal hechas de la madre
siguen, ya no menciona nada, solo escucha. Martes. "Lilith tiene sus ojos
en ti" regresa, viene de dentro de sí, si pone atención oye risas en su
pecho; no alcanza a doblarse lo suficiente para oír con detenimiento.
Miércoles. Pone atención y calma la natural hambre con sus uñas y la piel de
sus dedos; las voces se han vuelto su entretención. Jueves. Paranoia. ¿Está
loco? ¿Es un sueño? ¿es un coma? ¿sigue en la fiesta? Viernes. Desición,
comprendimiento, ira, solución, curiosidad, esto debe de terminar. ¿Qué mejor
que ahora para hacerlo? las pistas fueron dadas, él sabe cómo y el infierno le
ha señalado cuándo hacerlo: Sábado.
Ahora las voces son gritos. Ha bajado de peso, ha saciado su
sed con agua de retrete, pero sus labios sangran de partidos; nadie está
presente, pero ese griterío se siente multitudinario; agita sus manos tratando
de abrirse camino, es la cocina y es el cajón a donde debe de llegar; y será el
cuchillo el que sirva de llave para entender qué viene de sí. ¿Habrá una
pequeña persona? ¿Habrá un radio monitor insertado? Rebanará por bastantes
minutos antes de que su mano tenga acceso al fondo de su ser, y pueda encontrar
el camino necesario a lo que físicamente le ha acompañado desde la fiesta que
no sabe cómo termino.
Su mano ingresa, y sale entintada de rojo; lo que verá
culminará su locura, pues saca un ojo que parpadea, sin boca para comunicarse,
solo un globo cubierto de sangre, un ojo que le sigue y le persigue, que quién
sabe como llego a ese hueco arriba de su estómago y abajo de su corazón. Su
impresión: obvia. Susto infinito, locura desbordante; y a la vez entendimiento
infinito al final. No estaba loco, él tenía razón; la risa de satisfacción se
vuelve la fiesta de su desangramiento, el dolor y el ardor hacen que sus
nervios aturdan con disonancia a las multitudes aún inacallables; toma el
cuchillo y comienza a acuchillarse mientras desvanece a carcajadas...
Ya eso no lo vió Lili, pues el ojo quedó tirado en la
cocina, en un charco de sangre que nada reflejaba, pero algunos vecinos
comentaron después que vieron a Edvuardo correr por el vecindario bañado en
sangre riendo sin hacer caso a quienes le cuestionaban qué pasaba. Lili siguió
con sus lecturas de libros y su curiosidad que nunca acaba, percatándose solamente
del poder de los hechizos, los cuales usaría en ocasiones si las cosas no
marchaban como ella creía que deberían de marchar.

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